Ibiza, La Isla Blanca

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NAMASTÉ IBIZA, LA CARA MÁS DESCONOCIDA

¡Arrancamos con agosto! Ya han llegado los días de sol, playa y mojito; las vacaciones y desconexión. Y…  no se nos ocurre mejor plan que dar el carpetazo de salida con un viaje a Ibiza. Pero, no, no nos referimos a esa Ibiza de noche, fiesta y discoteca, sino a La Isla Blanca, la Ibiza de calas, playas escondidas, artesanía y puestas de sol.

Os presentamos una escapada a Ibiza. Todos hemos oído hablar de Ibiza. Sí, la famosa isla del descontrol. ¿Pero qué pasa con la isla más allá de las discotecas? Os proponemos una experiencia diferente, donde descubrir lugares que solo frecuentan los ibicencos -y que solo unos pocos aventajados conocen.

Sí, Ibiza tiene otra cara, esa cara de la isla que es tranquila, rural, rodeada de bosque.

Ibiza isla blanca

A medida que el avión se acerca a tierra ya se puede distinguir perfectamente Formentera, sus innumerables playas blancas bañadas por aguas turquesas. Nosotros recomendamos coger el coche de alquiler en Ibiza y empezar a hacer realidad esta aventura diferente por la isla pitiusa. Comenzamos con la playa de Benirrásque es el regalo a un trayecto zigzagueante entre colinas y valles. Una cala de arena gruesa, rodeada de colinas y protegida por rocas y, como no, subirse a lo más alto también tiene premio: impresionantes vistas al mar y a Cap Bernat.

Pero… ¡alerta amantes de la moda! En el camino, hay una parada obligatoria: WorldFamily Ibiza. Es el lugar que esconde en su interior una firma artesanal donde cada pieza es única y está confeccionada a mano con materiales traídos de todas las partes del mundo. Además, todos los domingos en Benirrás se reúnen miles de personas para contemplar la puesta de sol.

Para comenzar a disfrutar de los entresijos, no hay cosa mejor que empaparse de su identidad a través de uno de sus clásicos mercadillos. Pero huyendo de aquellos más típicos y nos adentramos en el Mercado de Forada donde solo se encuentran puestos de productos locales, ecológicos y, por supuesto, cultivados por los propios vendedores.

La Cala des Xuclar es una de esas pequeñas calas que es todo un paraíso para el descanso y para los sentidos. Es una cala cerrada, en la que a ambos lados se extienden zonas rocosas y repletas de pinos. Y es justamente eso lo que le da a esta playa un aspecto tan especial.

Rumbo al puerto de Ibiza toca dar un agradable paseo contemplando los yates de las mayores fortunas del mundo, cruzarse con algún famoso de incógnito, subir hasta el Dalt Vila y atravesar las murallas medievales hasta alcanzar la famosa Torre del canónigo para disfrutar de unas vistas espectaculares. Todos los domingos del año (siempre que el tiempo lo permita) se celebra en el centro de Sant Joan de Labritja un mercadillo artesanal en el que, prácticamente, todas las calles del pueblo forman parte de este mercadillo dominical.  La autenticidad de los productos que se venden le da a este hippy market un toque de encanto muy especial. Y, a media mañana, comienza la actuación de un grupo de música que pone el ritmo cada domingo.

Cuando el sol empieza a apretar, lo mejor es poner rumbo a alguna playa ibicenca como La Cala d’en Serra que está realmente escondida, rodeada de bosque y con un color de agua impresionante. Es ideal para hacer snorquel y está rodeada de mini playitas accesibles solo nadando.

Atardecer en Ibiza

Por la tarde, cuando el sol ya empieza a caer, Santa Gertrudis aguarda impaciente la llegada de todos los viajeros. Pero… aprovechando el trayecto es parada obligatoria Sluiz, un lugar cuya definición es casi imposible: una concept store en la que sus extravagantes exposiciones de distintas temáticasno pasan desapercibidas.

Otra playa que merece especial mención es la playa de S’aigua blanca, muy diferente a las calas anteriores. Es una playa abierta y está formada por infinidad de mini calas. Arena blanca, mar abierto y propiedades medicinales. También, Cala Mastella, una idílica playa rodeada de bosque e ideal para hacer snorkel.

Nuestra última recomendación va para El NightMarket de Las Dalias. Lo bueno de ir al mercado nocturno es que no está tan concurrido como el diurno, hace menos calor, hay actuaciones en directo y, también, se puede cenar en uno de los dos restaurantes que hay en el mismo interior del recinto. La zona de streetfood con una gran variedad de cocina de todas partes del mundo también es una muy buena opción.